Medio ambiente

Análisis

La Alianza Mundial a Favor de los Océanos: ¿El Banco Mundial pescando en aguas turbulentas?

8 abril 2014 | Análisis invitado | Translated by: Maria Eugenia Arzayús

A small pirogue (wooden outrigger boat) and its catch from the day lies on the beach at Baie Andovobazaha near Antsiranana, Madagascar. Photo: Jiri Rezac, Greenpeace

El Banco Mundial ha estado participado en proyectos relacionados con los océanos por muchos años, sin embargo fue en 2012 cuando el entonces presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, anunció el lanzamiento de la nueva Alianza Mundial a Favor de los Océanos (GPO – Global Partnership for Oceans, ver Boletín 80). Junto con un gran número de asociados, el Banco afirma que quiere dar un nuevo impulso político a la restauración de la salud de los océanos, proveyendo financiación y conocimientos para activar «soluciones probadas» para hacer frente a los tres problemas fundamentales: la sobrepesca, la contaminación y la pérdida de hábitats. Sin embargo, existen preocupaciones sobre la idea de presionar por soluciones tales como la gran expansión de la cría de peces y la entrega de la gestión de la vida marina al sector privado, lo cual podría crear más problemas que resolverlos. ¿Serán la vida marina y las personas una prioridad más importante que las ganancias?

El Banco ha comprometido US$300 millones para poner en marcha las iniciativas y espera obtener US$1.2 mil millones de otros asociados, a fin de lograr alimentos marinos y medios de vida sostenibles, la protección del hábitat y la reducción de la contaminación en diez regiones del océano para el 2022. Un grupo de destacados académicos, funcionarios gubernamentales y personas de la sociedad civil y del sector privado han sido designados para ser parte de un panel de especialistas de alto nivel, a fin de hacer recomendaciones a la Alianza Mundial a Favor de los Océanos (GPO en inglés) sobre la mejor manera de aplicar la inversión sostenible de los océanos.

Un objetivo declarado de la Alianza es incrementar significativamente la producción de pescado destinada a la alimentación, no sólo de las pesquerías sostenibles sino también del ámbito de la piscicultura conocido como la acuicultura, como parte de la solución al problema de la seguridad alimentaria. El informe del Banco de febrero de 2014, Pescado hasta 2030: perspectivas para la pesca y la acuicultura, describe la visión, estimando que para el año 2030, cerca de dos tercios de los alimentos marinos serán cultivados. Reconoce que el sector tendrá que resolver problemas claves como los asuntos de la contaminación, las enfermedades y la alimentación de los peces.

La creciente industria de la acuicultura, especialmente para especies carnívoras como el salmón y los camarones, exige la captura de más peces en el medio silvestre para carnada, lo cual requerirá una mayor explotación de los océanos. Este aumento de la demanda ya está forzando a la industria a reemplazar alimentos a base de pescado con otras fuentes de proteínas, así como el aumento de la utilización de desechos resultantes del procesamiento de pescado. Pero ¿será esto realmente suficiente para satisfacer la demanda, especialmente en la escala que el Banco Mundial prevé? ¿Y la pesca de peces pequeños como las sardinas y las anchoas, que son una fuente de alimentos clave para peces de mayor tamaño, permitirá su recreación antes de que la industria de la harina de pescado las haya agotado por completo? Como  lo resume Juergen Voegele, director del Banco Mundial para la agricultura y los servicios ambientales: «Este es un gran reto».

Dejando atrás a los pequeños pescadores

Otro elemento preocupante ha sido el énfasis en la privatización del acceso a los recursos pesqueros. En algunos sistemas de gestión basados en los derechos se asignan derechos de pesca a los pescadores, los buques de pesca, las empresas, y a las cooperativas o comunidades pesqueras, que a su vez pueden comerciar con ellas. El supuesto es que los derechos exclusivos del uso y una participación más directa en las decisiones de ordenación de las pesquerías, producirá un mayor incentivo para garantizar la sostenibilidad de la pesca a largo plazo. Sin embargo, en 2013, el Foro Mundial de los Pueblos Pescadores y de los Pescadores y Trabajadores, utilizando ejemplos de Chile, Dinamarca, Islandia, Namibia y Nueva Zelanda, emitió una convincente «petición a los gobiernos» para que denunciaran firmemente esta presión por la GPO de introducir los derechos a la propiedad privada como una herramienta para gestionar los recursos pesqueros de los océanos. Ellos plantean que «esto conducirá a la exclusión de facto de los pescadores en pequeña escala y a la concentración de los derechos de pesca en una élite minoritaria». También puede crear un incentivo para que los propietarios de los derechos den prioridad a cumplir con las cuotas de producción antes que apoyar las medidas de conservación y ordenación.

En la Cumbre Mundial para la Acción en los Océanos, organizada por el Banco Mundial, que se llevará a cabo en los Países Bajos a finales de abril de 2014, se abordarán cuestiones espinosas sobre el equilibrio entre el crecimiento y la conservación, el papel del sector privado y los intereses y beneficios equitativos para las comunidades. La reunión será también sin lugar a dudas una plataforma para los miembros del GPO, incluido el sector corporativo, a fin de promover su función de protección de los océanos.

Mientras que las empresas deben ser parte de la solución para crear océanos saludables, ¿qué tan creíble puede ser una iniciativa que incluye potentes representantes de la pesca y el petróleo, las industrias cuyo negocio principal amenaza la estabilidad del clima de la tierra y la salud de los océanos?

Si hay una financiación suficiente, así como un compromiso político de sus miembros de cambiar ´los negocios como de costumbre´ el GPO tiene la capacidad de hacer una diferencia real. El Banco podría desempeñar un papel útil en la promoción de la transparencia y mejora de los derechos, de la autonomía y los medios de vida de los pescadores locales, de los pueblos indígenas y de las comunidades locales. Pero el Banco sólo podría hacer esto si da prioridad a las soluciones con la mayor rentabilidad social y ecológica, tales como la promoción sostenible de la pesca artesanal, asegurándose de que el comercio no debilite la seguridad alimentaria y apoyando activamente la protección de la vida marina en las reservas marinas. ¿Podrá la verdadera protección de los océanos prevalecer frente a la tentación de maximizar las ganancias a corto plazo?


Análisis invitado por  Nathalie Rey, Greenpeace International,